Donantes. Más que un ojo de la cara y más que un riñón, vale la entrega de esa gente que se desvive porque otros vivan

gisDesde el GIS nos envían la columna publicada en el día de hoy en el Diario ABC por Antonio García Barbeito, dedicada al candidato a la alcaldía de Sanlúcar la Mayor, Eustaquio Castaño:

LA TRIBU

La frase popular está ahí, con toda su fuerza, para indicar que algo vale mucho, y esa expresión nombra a veces a los ojos –“eso vale un ojo de la cara”- y otras una de esas dos glándulas tan importantes, “eso vale un riñón”. El amigo pasó por el duro trance de que un médico le dijera que había que trasplantarle un riñón y en ese momento el amigo pensaría en todo, en lo poco que vale nada, comparado con la salud. No tuvo que ir muy lejos para hallar la solución, porque un riñón que lleva muchos años pegado al suyo, le dijo aquí estoy, toma, tuyo soy. Su mujer se ofreció a perder un riñón para que le resolvieran su problema renal. Qué bien sonarían en ese momento las palabras de aquel día: “…en la salud y en la enfermedad…”

El amigo le ha visto las orejas al lobo, es cierto, pero también ha vivido una experiencia que le cambiará la vida, seguro, y no sólo por el hermoso gesto del riñón que le ha dejado su mujer, sino por todo lo que supone saberse tan pequeño en situaciones así, y valorar todo lo que aunque no es pequeño lo consideramos como tal. El amigo habla de la cercanía, en todo momento, de sus hijos, del desvelo de los sanitarios para conseguir un éxito –uno más, y van muchos- en la operación, por todo lo que viene después, en la habitación, ese cariño, ese mimo profesional de cuantos tratan con los enfermos, de esa entrega que hay en la Unidad de Donantes, siempre en celo, siempre esperando un precioso regalo para dárselo a otro, para salvar una vida. Quizá el amigo no había pensado nunca –como nos pasa a tantos otros- en la importancia de la donación de órganos, ni en lo que hacen por los demás los donantes, y los que median entre donación y trasplante, los sanitarios, todos, esa hermosa cadena de entrega, de desvelo, de afán por darse al otro; y ahora no sabe más que agradecer, agradecer: a su mujer, a sus hijos, a los médicos, a los enfermeros… Y me pide que diga que tenemos que hacernos cargo de lo importante que es donar, antes que enterrar o quemar órganos que pueden darle una vida sana a mucha gente. Y habla el amigo de que así como se homenajea –justamente- a profesionales que suenan mucho, habría que homenajear a quienes diariamente están entregándose para salvar vidas, incluso sin los medios necesarios. El amigo habla de Sevilla, pero podemos hablar de cualquier sitio. Más que un ojo de la cara y más que un riñón, vale la entrega de esa gente que se desvive por que otros vivan. Vuelvo a acordarme del aforismo de Tagore; tan hermoso, que parece salido de un aviso para donantes de órganos: “La vida se nos da, y la merecemos dándola.” Pues eso.

A. García Barbeito